Ceremonia en Standing Rock (crónica)

Por Iñaki Estívaliz para Standing Rock en Español

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Iñaki Estívaliz en Standing Rock

Cannon Ball, 4 de diciembre de 2016 -Cuando el chamán salpicó el agua sobre nuestros torsos, caras, brazos y piernas desnudos casi al final de la ceremonia, las gotas se evaporaron como si nuestros cuerpos fueran rocas incandescentes.

Wayne, un veterano de guerra nativo americano, me había invitado a participar en la comunión con la Madre Tierra, la conexión con los espíritus de nuestros antepasados y el Creador único, y la purificación de nuestros cuerpos físicos.

Llegamos con nuestras toallas al cuello a una gran fogata de leña prendida en un enorme hoyo excavado en la tierra y rodeado por un muro de rocas que nos llegaba hasta las rodillas. Bajo los maderos ardientes había tantas rocas, del tamaño de cajas de zapatos, tantas como personas íbamos a participar en la ceremonia. Alrededor: nieve, tipis y otras fogatas donde se celebraban otras ceremonias indígenas en Standing Rock. Allí y allá se escuchaban cánticos nativos.

Una reportera de la CNN pidió permiso para grabar la ceremonia. No se lo permitieron. Se hicieron chistes que no entendí sobre la cadena de televisión.

Sobre el muro de piedras sueltas y desordenadas que rodeaba la fogata, estaban tendidas unas mantas. Los ayudantes del chamán cogieron las toallas y comenzaron a tenderlas en el interior de un tipi mucho más bajo que los usados como vivienda. Metieron algunas rocas incandescentes en el interior del pequeño tipi, en el centro, donde no había mantas tendidas.

En un momento dado nos hicieron desnudarnos junto a la fogata en medio de la nieve.

Entramos de rodillas a un tipi bajo donde sentados rozábamos el techo con nuestras cabezas y los brazos y piernas de las personas que teníamos a cada lado. Entramos tres mujeres y doce hombres. Las mujeres entraron primero e iban vestidas con trajes nativos de telas ligeras.

Al entrar había que decir “todas las religiones”, oración que se repite en varias ocasiones a lo largo de la ceremonia, que duró casi tres horas. Se entra hacia la izquierda y hay que salir rodeando las piedras incandescentes en esa dirección.

Los ayudantes del chamán seguían introduciendo rocas incandescentes en el interior del incómodo tipi. El hombre medicina echaba agua sobre las piedras y un vapor casi asfixiante se apoderó del ambiente. Cada cierto tiempo, el chamán ponía hierbas aromáticas y medicinales sobre las rocas. Mientras la puerta del tipi estaba abierta, resultaba agradable estar allí desnudo, sabiendo que en el exterior estábamos a bajo cero grados de temperatura. Pero cerraron la puerta de tela del tipi y el ambiente se hizo casi irrespirable.

El chamán comenzó a recordar a los guerreros de Standing Rock que habían resultado gravemente heridos en sus enfrentamientos con la policía por sus nombres de pila. Agradeció a aquellos que habían sido arrestados, especialmente a los cuatro primeros. Uno de ellos sigue en la cárcel.

Entonces comenzó a rezar, a cantarle a los espíritus, a la Madre Tierra y al Creador Único, de esa manera que todo el mundo conoce característica de los indígenas de Norteamérica. Dijo que quería escucharnos a todos rezar, “vengan de donde vengan de cualquier parte del mundo, a su manera, como lo sientan”. Empecé a escuchar un Padre Nuestro en Inglés. Algunos imitaban al chamán. Yo llevaba el encargo de mi amiga Rachel Zeigler de mencionarla si participaba en alguna de estas ceremonias. A mí se me había olvidado cómo rezar, a pesar de que mi madre me dice que lo haga cada vez que hablo con ella. Empecé a murmurar, “Rachel, Rachel, Rachel”, luego casi a gritar, “Alma”, la abuela de mis hijos, que ese día cumplía tres años de fallecida, “por mi padre Elías, porque mi madre Gloria siga viva y con mejor salud mucho tiempo, por mi abuelo Cesáreo, por mi abuela Magdalena, por mis hijos, para que mis hijos sean conscientes de todo esto, que mis hijos sean solidarios, para que yo sepa criar a mis hijos, por la madre de mis hijos, por la hermana de mis hijos, por toda la gente que me ha ayudado a llegar hasta aquí, para que no los defraude, por favor, necesito fortaleza y ánimo para superar los inconvenientes, ser humilde y hacer mi parte en esta lucha que a todos nos concierne”.

Creía que iba a desfallecer. Varios hombres no pudieron aguantar el sofoco y salieron del minúsculo tipi. Las mujeres aguantaron hasta el final.

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El periodista Iñaki Estívaliz en Standing Rock, rodeado por los tipis o bohíos de los indios de la reserva.

El ritual: abrir el tipi, introducir nuevas rocas incandescentes, el chamán cuenta sus historias, se cierra el tipi, el chamán cuenta más historias, rezamos, cantamos; se repitió en siete ocasiones. Desde la primera yo pensaba que no iba a aguantar más, en varias ocasiones me alarmé temiendo que me pasara algo malo, que podría hasta morir allí, o defraudarme a mi mismo por no haber sido capaz de llegar hasta el final. Nunca en mi vida he sudado tanto, y con mucha diferencia a las anteriores.

Esa misma noche, mi primera noche en Standing Rock, había acompañado en la cena a
a una joven mexicana, Alexandra Velasco, y a su novio estadounidense, Skylar Funk. La pareja vive en Los Ángeles. Ella es artista, él es músico de la banda Trapdoor Social. Llegaron a Standing Rock en el autobús con paneles solares que lleva al grupo por todo Estados Unidos participando en eventos medioambientales.

“Lo que está pasando aquí es fruto de la unidad, la paciencia y la paz tras años y años de opresión, represión y violencia dirigida a la gente que nació aquí en esta tierra repitiéndose la historia de represión y matanza”, manifiestó Alexandra entre bocado y bocado de ensalada de papas y atún en uno de los comedores comunitarios gratuitos del campamento Oceti Sacowin.

“¿Cómo podemos seguir haciendo eso? ¿Cómo podemos seguir construyendo infraestructuras que van a destruir nuestro mundo y a nuestra gente?”, se preguntaba la joven mexicana de 27 años.

Alexandra habla del oleoducto Dakota Access (DAPL) que estaba destinado a cruzar por debajo del lago Oahe, una reserva de agua del río Misuri. El oleoducto, construido por la compañía Energy Transfer Partners, ha atravesado cuatro estados y ha costado 3.800 millones de dólares estadounidenses. La tribu Sioux en Standing Rock y quienes los apoyan dicen que la extensión del oloeducto por debajo el lago Oahe pondría en peligro el agua de la tribu y los lugares sagrados.

Durante las protestas, los manifestantes le pideron al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que interviniera para detener la construcción del DAPL. En noviembre, el presidente dijo que el Cuerpo de Ingenieros de EEUU estaba evaluando rutas alternas para el proyecto. El domingo, el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos dijo que no daría paso a la servidumbre del DAPL por debajo del lago Oahe.

Tras la noticia, hubo celebración en los campamentos en Standing Rock. Sin embargo, también hay incertidumbre sobre si el presidente electo Donald Trump revertirá la orden, ya que apoya al oleoducto. Debido a eso, los manifestantes han dicho que permanecerán en los campamentos, incluso en medio del invierno.

En el exterior del comedor de campaña atendido por voluntarios suenan fuegos artificiales.
“Mi historia no es la historia de la gente de Standing Rock. Soy mexicana pero de familia española, mis ancestros están del lado de los opresores. Nos toca a nosotros hacerlo mejor, hacerlo bien. Siento que mi familia es directamente culpable de la destrucción de una cultura bellisima”, lamentó Alexandra.

“Veo a estos indígenas con una conexión increíble con sus tierras, esas tierras que seguimos robándoles, están conectados con su música, con sus tradiciones, sus comidas, sin embargo yo no siento nada de eso con mi cultura. Oigo música gringa, como comida de todas partes de mundo, no tengo religión, ni tengo raíces palpables. Nací en México pero vivo en Los Ángeles. Nací en México pero vivo en LA. Esta gente honra su pasado y continúa ante todas las adversidades. Estoy aquí para ayudar a que esa cultura no muera y que siga en este mundo. Vinimos pensando en el medio ambiente, pero nos vamos habiendo aprendido muchísimas cosas”, relató la joven originaria de Ciudad de México y que va a estar en Standing Rock durante cinco días.

Su novio, Skylar, añadió, dándole un bocado a un canto de pan, que “este asunto del medio ambiente es muy importante, pero ahora es tan importante el tema de los derechos de la gente. Necesitamos ayuda, ya hemos hecho demasiado daño”.

En las distintas etapas de la ceremonia, el chamán contó cada detalle de la lucha contra el gasoducto Dakota Access, que en principio iba a pasar cerca de la vecina localidad de Bismarck, pero que tras las protestas de los residentes blancos que temían que fuera un peligro para sus recursos acuíferos se cambió el trazado para que pasara rozando la reserva indígena de Standing Rock atravesando los ríos de los que se abastecen de agua los indígenas, que consideran que el agua es todo para la vida. Repasó las luchas indígenas desde 1492 hasta hoy y contando detalles personales de su propia lucha como uno de los líderes contra el Dakota Access.

“Ustedes son guerreros que han sido capaces de pasar por el gran sufrimiento que es esta ceremonia. Ya estamos acabando. Les felicito porque son de esa gente capaz de acabar lo que empiezan a pesar de las mayores dificultades”.

ie/yvp

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Se cargan las baterías utilizando la energía que genera el pedaleo. La señal de internet viene y va, pero eso no aminala el ánimo de Estívaliz para hacer llegar la información.

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